Sunday, March 12, 2006

La Economía del Refugio – La Trampa de la Pobreza (5/3/06)

Diario La Primera - Perú - 5 de marzo del 2006

La mayoría de los candidatos a la presidencia de la República pretenden seguir anclándonos en la economía del refugio. Este no es un término que usan los economistas, pero creo que los que no lo somos, podemos utilizarlo para entender lo que nos pasa en el Perú con el balance tan negativo que tenemos entre oportunidades y realizaciones. ¿Por qué no alcanzamos el progreso? ¿Por qué no salimos de pobres, si nos sentimos capaces y llenos de recursos?

Es evidente que estamos haciendo las cosas mal, no hay nada fundamental con nuestro pueblo ni con nuestros recursos, que justifique que mientras el mundo está plagado de ejemplos de países exitosos, que crecen y se desarrollan integralmente, nosotros sigamos estancados, desorientados y con buena parte de nuestra clase política haciendo diagnósticos y propuestas erradas.

El Perú vive hace muchos años en una economía del refugio, que no es otra cosa que una economía pobre donde la falta de dirección, el permanente cuestionamiento de nuestras políticas públicas y la perdida de sensación de futuro han establecido una serie de incentivos perversos, que nos llevan casi a todos a comportamientos disfuncionales – a tomar decisiones que no solo mantienen los condicionantes de nuestra pobreza, sino que además nos llevan a hacer diagnósticos y propuestas que son como luces negras, que solo sirven para caminar en la oscuridad.

Para empezar vivimos en el corto plazo, lógico si no hay sensación de futuro. Al vivir en el corto plazo sesgamos nuestro comportamiento, en el corto plazo no se puede crear riqueza, solo queda repartirse lo que hay – tendemos a ver todo en función del modelo ganar-perder. Nos hemos vuelto oportunistas porque sin una perspectiva de desarrollo de largo plazo, más vale que agarres lo que se te presente, no vaya a ser que no tengas otra oportunidad. Así se termina exaltando lo peor del ser humano, expresado en un torpe egoísmo de corto plazo – la sobrevivencia lo justifica todo, si no me das lo que quiero, lo hago mío, así sea con engaños o apedreamientos y cierre de carreteras o hasta linchamientos.

Hemos probado todas las recetas y como las cambiamos todos los días y las aplicamos a medias y no nos actualizamos con lo que pasa en el resto del mundo, ya no confiamos en ninguna opción y lo que es peor, nuestros políticos, ya sean los llamados de derecha o de izquierda, que de alguna u otra forma están identificados con una u otra propuesta, ya no dan confianza, ni se les escucha. Hemos prostituido y desprestigiado casi todas las opciones de política, al liberalismo le llamamos neo-liberalismo para condenarlo como anti popular y vinculado a la ‘odiosa satrapía fujimorista’, el socialismo y las izquierdas siguen en manos de políticos pre-modernos que solo atizan el fuego de las frustraciones populares y ofrecen y comunican propuestas tan pobres como las que representaría hoy día que alguien produzca una película del cine mudo. La derecha ya no existe y solo sirve para calificar a los adversarios de vende-patrias e insensibles. Ni hablemos de los aventureros, ignorantes e irresponsables que aparecen de vez en cuando y que juegan con el destino de un pueblo pobre y sufrido en pos de su ambición de poder.

¿Cómo hemos llegado a esto? Personalmente creo que en gran medida por la debilidad de nuestra clase dirigente, que sufre de dos gravísimos males – la anomia y el mercantilismo empresarial y político. Por un lado, la mayor parte de la gente instruida y preparada, con experiencia internacional y conocimiento del mundo exterior, ha renunciado hace muchos años a participar en el debate nacional, han dejado la política y la formación de opinión pública a los más mediocres y a los más interesados en el acceso al poder. Otra buena parte de nuestra clase dirigente ha preferido sacar provecho de sus posiciones de privilegio, tanto en el ambiente de los negocios como en el de la política. Pero todo esto se ha dado bajo la garúa permanente del verbo tradicional de las izquierdas latinoamericanas, con sus viejas monsergas de resentimiento, de desconfianza en lo foráneo y de rechazo a la cultura del éxito. Hemos dejado que tomen el nombre de los pobres para mantenernos en la pobreza y han acomplejado a los que no pensamos como ellos. Por ejemplo, hoy en el Perú la privatización es una mala palabra, han ensuciado sus resultados sin fundamentos y ningún político se atreve a plantear la privatización de Sedapal – si, hay que privatizar Sedapal si queremos que los pobres tengan agua y si su precio subiera al doble, aun así, los pobres pagarían la cuarta parte de lo que les cuesta hoy el agua en baldecitos.

Tenemos que cortar este proceso, esta trampa, que no nos permite dar un salto en la calidad de nuestra política y plantear lo que de verdad necesitamos: una estrategia sólida de desarrollo integral - en lo económico, lo social y lo institucional - inclusivo y sostenible. No necesitamos una nueva constitución.

¿Cómo hacemos? Una posibilidad es mirar hacia afuera, estudiar los casos de éxito, debatirlos y diseñar una visión de largo plazo que encamine nuestros esfuerzos colectivos.

Otra forma de entender qué debemos hacer y qué debemos evitar es entender las coincidencias entre nuestros jóvenes y los inversionistas. Así como la confianza en el futuro es indispensable para promover la inversión, así la falta de confianza en el futuro, es determinante para la decisión de emigrar que están tomando nuestros jóvenes. La migración de nuestros jóvenes es una tragedia y ahuyentar la inversión es la mejor manera de seguir expulsando a nuestros hijos.

Somos un país deficitario en inversión. A pesar del los buenos resultados macroeconómicos de los últimos años, a las justas superamos un nivel de inversión del 18% del PBI. Durante los últimos 25 años, solo hemos tenido un período de cinco años, entre 1993 y 1997, en que logramos un promedio de inversión sobre el producto de 24.5%. Según múltiples cálculos y análisis, solo para absorber el crecimiento anual de la demanda de empleo, necesitamos invertir el equivalente del 25% del PBI. Varios países africanos hablan hoy día de metas de inversión de 40% y la China invierte el 50% de su producto.

Atraer inversión es lograr un ambiente propicio para el desarrollo de nuestros hijos, ya es hora de modernizar la política peruana y de salir de la economía del refugio, es también hora de salir al frente y de luchar por nuestras ideas.

Patriotismo Sí, Nacionalismo No.

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